GABY E LA PORTA AZZURRA
19mo Viaggio di solidarietà Amici di Santina
Messico, 5-13 Novembre 2016
ACAPULCO DUELE
Por el año 2006, Acapulco, una ciudad del Sur mexicano, empezó a sufrir brutales formas de violencia que provenían de la delincuencia organizada ligada a los cárteles de la droga que se han asentado en esta región. Diez años después, los estragos han sido aterradores y se manifiestan en diversas formas de violencia más comunes, tales como homicidios, desapariciones de personas, extorsiones, secuestros, tráfico de personas y otras más. En los últimos años, Acapulco ha sido señalado como la ciudad más violenta de México, y en años anteriores llegó a ser considerada la tercera ciudad más violenta del mundo, después de San Pedro Sula (Honduras) y de Caracas (Venezuela), por el número de asesinados. Los efectos de esta situación han sido diversos. Uno de ellos, muy decisivo, es de carácter económico, pues el puerto de Acapulco vive del turismo, el que ha decaído, precisamente, por la violencia. Y, por otra parte, algunos sectores de la economía han sido muy castigados por extorsiones y cobros de piso, tales como comerciantes, transportistas y profesionistas.
También se han dado desplazamientos forzados cuando muchas familias han tenido que abandonar la ciudad para buscar lugares más seguros para vivir. Otro efecto está manifestándose en un clima de miedo y de zozobra. La inseguridad ha generado tanto miedo que muchos familias deciden huir, mientras que las que se quedan deciden salir lo menos posible, encerrándose en sus casas. El tejido social está sumamente deteriorado y los lazos comunitarios se han debilitado mucho. El individualismo se ha apoderado de la sociedad, que queda cada vez más debilitada y vulnerable ante la violencia de las bandas criminales.
Pero el efecto más doloroso es el de las víctimas de las violencias, que se han multiplicado en estos últimos años. Secuestrados, asesinados, extorsionados, desplazados y desaparecidos son las víctimas directas, mientras que sus familias y sus comunidades son las víctimas indirectas, que suman ya decenas de miles solo en Acapulco. En realidad, cualquier habitante de esta ciudad puede sufrir cualquier forma de violencia, lo que es propiciado por el clima de miedo, enojo e impunidad generalizada. Hay un inmenso mundo de dolor en esta ciudad, sin dejar de hablar de todo el dolor que hay en el país, donde lamentamos a más de 120 mil asesinados en los últimos 10 años y más de 28 mil desaparecidos en el mismo arco de tiempo. Tenemos un verdadero desastre nacional que tiene en el fondo un sistema político corrupto y un modelo económico que genera desigualdad. Este desastre se ha ido desarrollando desde décadas en la política y en la economía y tiene también factores globales. Muchos miles de historias hay de víctimas. Historias de personas, de familias y de comunidades enteras, atropelladas. Historias de familias destruidas y de niños huérfanos, historias de pueblos abandonados y de inocentes criminalizados. Historias de dolor y de terror, historias de rabia y de desesperanza, historias de frustración y de desconsuelo. Pero también hay historias de entereza y de perdón, historias de heroísmo y de santidad.
Historias que necesitan ser reconocidas, escuchadas y atendidas. Historias que requieren verdad y justicia para que puedan ser resueltas y sanadas. Estas historias están causando un daño inmenso a la sociedad y a los pueblos porque están dejando una estela de miedo, de rabia y de rencor, y también un sentimiento de orfandad y de abandono. En estas historias se requiere el Evangelio de Jesús, la Buena Noticia de que no terminarán en frustración ni en fracaso. La evangelización sigue siendo la gran propuesta de salvación que se tiene que hacer concreta curando todas las heridas mediante la misericordia y la justicia. ¿Cómo sostener en pié a tantas víctimas de la violencia en Acapulco y en el país entero? Una primera necesidad básica es el consuelo. En la Iglesia hemos promovido la pastoral de la consolación mediante la cual buscamos tocar el alma de las víctimas con el consuelo que viene de Dios para mitigar y acompañar el dolor. Las víctimas necesitan ser consoladas y, qué mejor que el Evangelio que reconforta y sana. Las víctimas también necesitan fortalecer la esperanza a través de la cual reconocen que tienen capacidad para levantarse y seguir viviendo con dignidad. Un gran desafío es evangelizar en contextos de violencia brutal que destroza esperanzas y derrumba personas y familias. Acompañar a las víctimas de la violencia es una gran clave en la acción pastoral. También tenemos que atender a los victimarios, a la gente que genera violencia desde las organizaciones criminales. Por otra parte, requerimos fortalecer la solidaridad y la compasión con los que sufren y levantar la voz a favor de las víctimas. Construir la paz es una tarea que brota de la evangelización. Evangelizar es construir la paz y esta es nuestra misión donde los conflictos y la guerra del narcotráfico se han apoderado de la sociedad. La Iglesia no puede eludir esta responsabilidad. Cuando vino a México el Papa Francisco pidió a los obispos mexicanos que asumieran esta responsabilidad con todas las capacidades que la Iglesia tiene, sobre todo con el Evangelio de Jesús que tiene la fuerza para transformar a las personas, a las familias y a los pueblos. Valoramos en la Iglesia de Acapulco la presencia de la Fundación Santina, con su cercanía solidaria, apadrinando a niños de familias que han sufrido violencias. De esta forma pone su grano de arena para atender las víctimas de la violencia y para construir la paz en esta ciudad dan adolorida.
PADRE JESUS MENDOZA SARAGOZA
ARCIDIOCESI DI ACAPULCO
GUERRERO (MEXICO)
CONDIVIDERE POVERTÀ PER PORTARE SPERANZA
Volo KL 0685 Amsterdam – Città del Messico
Posto 41 A ore 21,20 in Italia e 14,20 in Messico, sorvolando il Canada, verso gli Stati Uniti.
Tornare in Messico. Sono emozionato ma anche preoccupato. In Messico abbiamo ristrutturato un ospizio per anziani poveri vicino a un ospedale. Gli anziani a La Laja, come del resto in tutto il Messico povero, sono nullità. Venerdì 11 novembre sarà un momento bello e significativo. Poi ci sono loro, le 7 famiglie vittime delle furibonde lotte senza quartiere dei narcotrafficanti che hanno trasformato il Paese in ciò che era la Colombia 10 anni fa. Beto, Miguel, Ricardo, Mauricio, Carla, Ingrid e Ruby sono sette nomi legati a sette sfortunate famiglie che abbiamo preso in adozione a distanza. Beto, Mauricio, Carla e Ruby hanno avuto padre o madre ammazzati dai cartelli della droga.
Ci sono più morti per narcotraffico e violenza in Messico che in Iraq, ma questo nessuno lo dice. Due settimane fa 6 persone sono state ritrovate con le mani amputate per un barbaro regolamento di conti… solo per dire un caso. Poi, recentemente, tre sacerdoti sono stati uccisi perché si opponevano al traffico di droga, e nel 2014, 43 ragazzi sono desaparecidos. Questo è il Messico povero e violento che incontrerò! Andarsi a cacciare in quell’ inferno perché? Entrare in un fottuto casino per quale motivo? Il tema del viaggio è condividere povertà per dare speranza. Questa è la scommessa forte e impegnativa. Sono in aereo sopra il Canada e mancano 5 ore a Città del Messico, poi verso Acapulco e infine, in macchina, per la colonia di La Laja. Mi interrogo pacatamente quale sia la radice di questi viaggi per visitare la disperazione. Cosa nascondo? Impiegare i propri risparmi per visitare la pattumiera del mondo? Quest’anno sono passato da Garissa in Kenya, con i 148 ragazzi barbaramente uccisi da Al Shabab, alle carceri terribili a 5.050 metri del Perù, alla disperazione di un campo profughi di Dawidiya, kurdistan iracheno, nel nord del Paese. Erbil, Mosul, Ankawa, Duhok, Dawidiya a 45 chilometri da Mosul in Iraq, fino al delta del Mekong nel Vietnam del sud. Perché ? Forse la risposta più vera è quella di una forte terapia per elaborare il lutto della perdita di una madre seguita per 7 anni? Oppure la rivincita su una diabolica e acida fregatura presa in Italia nel tentativo di aiutare madre e figlia dell’est dell’Europa che ancora oggi regala residui di angoscia? No. Ne uno ne altro! Molte volte oggi, nel tempo libero, ci si dedica a viaggi rilassanti in posti belli e pieni di comodità. Si torna così da crociere e viaggi di piacere… pieni di vuoto e con l’atroce desiderio di ripeterne uno nuovo per il puro gusto del piacere. Questi viaggi sono deliziosi al palato ma non ristorano, non ricaricano ma provocano bisogni artificiali che gettano in profonde forme di depressione perché la vita rimane priva di valori forti e si riempie di vuoto… come avviene sulle spiagge di Malindi, oppure in una crociera MSC. I nostri viaggi di solidarietà sono invece costruiti agli antipodi. Si va in posti scomodi, duri e talvolta non esenti da pericolo e si torna infinitamente stanchi, talvolta intontiti dalla mancanza di sonno, scottati, con le vesciche sulle mani, graffiati, punti da zanzare, con lividi. Si dorme in capanne, in baracche sul delta di fiumi umidi e maleodoranti, ma… Nel cuore una profonda pace. Di più: una grande gioia. In questi viaggi vieni curato dalla tua stupidità. I poveri e i disperati diventano i tuoi maestri di vita e ti insegnano a distinguere il superfluo dal necessario, a ridisegnare la vita su priorità vere, a fuggire ciò che appare e ti inganna per incontrare la vita vera. In questi contesti così estremi nasce la preghiera, nasce l’incontro con Dio presente in quella che papa Francesco chiama la Carne di Cristo. Tutti questi motivi stanno alla base di questa nuova settimana che mi accingo a vivere in Messico e come vorrei che fossero con me più persone, come è stato in Kenya a maggio e come sarà in Perù a dicembre…
CAFFÈ
La grande valigia rossa con il logo associativo pesa esattamente 23 chili e due etti, accuratamente sigillata dal cellophane verde è pronta per essere imbarcata. Dopo un’attesa di una ventina di minuti, giunge il mio turno per il check-in. La signora al banco è visibilmente stanca e la calca dei passeggeri è difficile da reggere dopo ore di lavoro. Avverto questa sua stanchezza. “Signora, il mio bagaglio lo devo ritirare a Città del Messico oppure arriva fino ad Acapulco?” La donna guarda il computer e mi dice: “No, padre, lei lo potrà ritirare direttamente alla destinazione finale! Non si deve più preoccupare…” Pensando al peso della valigia e agli inconvenienti a settembre a Canton in Cina, il sorriso mi appare sulle labbra e dico: “ Lei è un angelo! Si meriterebbe un caffè…” La donna ribatte con il volto stanco: “Magari padre… È dalle 4 che sono in piedi e sinceramente non vedo l’ora tra poco di smontare per tornare a casa da mio marito e dai miei due figli!” Con la battuta finisce il mio incontro. Ringrazio la signora, ritiro i miei documenti di viaggio e, libero dalla valigia, mi dirigo verso i controlli della sicurezza. Mentre cammino mi metto lo zaino nero sulle spalle e questo fatto mi costringe a girare la testa verso un distributore di caffè e quell’oggetto scontato, banale e comunissimo diventa una forte provocazione: hai detto una cazzata tanto per dire e tutto finisce lì… Oppure vuoi davvero regalare il caffè a quella donna sconosciuta? Così mi parla la macchinetta del caffè! Mi rigiro e faccio alcuni passi. La domanda mi ritorna nel cuore, la caccio via con la scusa pronta: “Chi è quella donna? e poi faccio tardi…” Muovo ancora alcuni passi e la sfida ritorna. Costa solo un euro e ti fa bene al cuore! Ricaccio la domanda via da me, ma… poi! Guardo orologio, primo segno di cedimento; mi giro e comincio a camminare verso il distributore di caffè, secondo segno di cedimento; mi tocco le tasche per scovare un euro che so che dovrebbe esserci e lo trovo, guardo verso il banco e la donna è ancora la intenta al suo lavoro. Disfatta totale. Mi dico: ‘Sto per fare 10.000 chilometri per aprire il cuore alla generosità e non riesco a compiere un gesto di tenerezza e generosità qui a Fiumicino?’ Certo in Italia, facendo del bene, hai preso una coltellata. Certo a Bergamo stiamo curando i malati del morbo di Chagas, in Italia centrale stiamo aiutando una famiglia contadina con il regalo di una mungitrice dopo che il terremoto ha compromesso la stalla, ma questa mattina devo rispondere alla sfida del caffè a una sconosciuta! Compero il caffè espresso e poi, tenendolo nascosto tra le mani, giungo davanti alla hostess stupita che sta servendo un altro passeggero. Mi accosto al banco lateralmente e passo a lei il caffè caldo. Lei mi guarda commossa! “Padre, lo ha portato davvero? Grazie di cuore. Ė la prima volta che mi capita un fatto del genere.” Sorrisi di approvazione giungono dalle colleghe vicine che guardano compiaciute e, forse, in bocca assaggiano il medesimo caffè con il desiderio. “Lo beva alla mia salute, signora! Ma questo caffè ha un costo… Dica un’Ave Maria per me e il mio viaggio!” La donna mi sorride benevola e io mi dirigo agli imbarchi… Nella mente il ricordo di mia madre Santina che la mattina scendeva in piazza a portare il caffè a un barbone intirizzito dal freddo. Forse la bontà di Santina in quegli anni lontani non immaginava che qualcosa del genere si sarebbe ripetuto diversi anni dopo nel gesto di un figlio che tenta di aprirsi agli altri provocato dal semplice esempio di una contadina, che aveva fatto solo la terza elementare, come amava dire la nostra Santina. Felice del piccolo successo mi prendo anch’io un buon caffè… Perché con la Santina abbiamo in comune un’altra cosa: ci piace il caffè…. Siamo entrati nello spazio aereo degli Stati Uniti d’America. Mancano 3 ore e 44 minuti all’arrivo. L’occhio sinistro brucia per una piccola infezione batterica, meglio non sforzarlo troppo. Chiudo l’iPad.
GIOCARE CON LA MORTE
Arrivo in Messico durante il mese di novembre, il mese dei morti. Qui in Messico la morte viene rappresentata in questo mese come qualcosa con cui giocare. Le strade, le piazze, portano questi segni, sculture che rappresentano scheletri, addobbati da colorati vestiti, grandi disegni sulle strade in cui si scherza con la morte. In questo mese un dolce che si confeziona è il pane del morto e fuori dai negozi dei fornai appaiono inviti colorati a entrare per comperare questo prodotto cucinato solo nel mese di novembre. L’impressione non è triste e cupa e forse è un modo scaramantico per liberarsi dalla paura della morte che invece, in questi luoghi, è forte a causa della violenza e del narcotraffico. Cosa meno gioiosa e allegra di questa pratica di scherzare con la morte, che assomiglia al nostro carnevale in Italia, è il culto pagano e inquietante della Santa Muerte. È Lourdes a parlarmi di questo: “Ci sono persone, padre, che adorano la morte come se fosse Dio, chiedono a lei favori e la pregano perché possa dare vita, prosperità e salute. Tali persone si riconoscono perché sanciscono la loro appartenenza alla setta facendo un tatuaggio della morte sul proprio corpo. Esistono anche statuette della Santa Morte. Gli adepti non possono rivelare la loro appartenenza in modo aperto e il loro culto rimane nascosto… Ma sono terribili e sanguinari. Meglio non fare nulla a costoro. Se vuoi don Gigi in questi giorni ti farò incontrare una ragazza che appartiene a tale setta, forse a lei farebbe bene un incontro con te”. “Lourdes, sono molto felice di incontrarla. Cerca tu di inserirla a tutti i costi nel programma intenso di questi giorni!” “Sarà fatto, don Gigi!” mi risponde Lourdes. Padre Jesus completa e inquadra meglio il fatto di questa devozione pagana: “Il culto della santa Muerte appartiene a categorie in cui il rischio di morire è alto: narcotrafficanti, sicari, poliziotti, estorsori… Queste persone fanno un patto con la morte affinché rispetti la vita. Don Gigi, mi sono incontrato con persone che tenevano in casa statue della Santa Morte e avevano paura di sbarazzarsene. Sono persone spaventate e tristi. In casa hanno un angolo dove alla statua della morte depongono offerte, fiori e denaro. Io ho distrutto alcune di queste statue. Un culto molto brutto al quale siamo chiamati, come chiesa, a porre freno…” Termina così la presentazione del culto della morte da parte del parroco del chilometro trenta. Siamo per strada, stiamo andando a celebrare messa dopo un lungo riposo nel tentativo di assorbire il fuso orario e, per strada, incontriamo squadre dell’esercito per la protezione dei civili. È Padre Hugo, il parroco di La Lajaca, a commentare: “Monsignore, da alcuni anni la situazione qui in Guerrero è fuori controllo ed è necessario l’esercito per impedire che i gesti di violenza diventino innumerevoli. Vedrai meglio in questi giorni cosa significa vivere qui. I cartelli del narcotraffico devastano tutto e sono per tutti noi una continua minaccia. Domani incontrerai le famiglie delle vittime dei cartelli che già conosci e con loro potrai approfondire questo grave problema. Da quando sei venuto tu, lo scorso anno, la violenza è cresciuta a dismisura nel mese di giugno, luglio, agosto e settembre. Nel mese di ottobre sembra essersi un po’ rallentata, ma… che disastri e quali scempi! Vedi questa piazza in cui passiamo proprio ora? Qui 4 giorni fa hanno ammazzato un uomo sotto gli sguardi della polizia che non ha fatto niente!” “Perché?” ribatto furibondo io. “II motivo è semplice, padre… Perché dopo ti ammazzano. La divisa di poliziotto non ti protegge, ma ti espone! Tu stai percorrendo strade dove è facile rinvenire la testa di una persona, oppure un braccio, un piede. È una cultura di terrore e morte, ma quella morte con cui non si può giocare…” Sto scrivendo di sera e gli occhi mi si chiudono per il cambio del fuso orario e la stanchezza del lunghissimo viaggio. È umido e c’è bisogno di una doccia prima di dormire e rimanere 5 minuti freschi prima di essere di nuovo rapiti dalla forte umidità. Ma non posso non condividere la macabra storia di una donna che si è vista arrivare alla porta di casa, giorno per giorno, per quasi un mese, i pezzi del cadavere del marito con un sadismo inaudito, iniziando dal pene e dai testicoli, passando alle mani, ai piedi… per terminare questo macabro rituale con la consegna della testa. C’è molto di più che uccidere una persona, significa distruggere anche la moglie con una satanica perversione di morte che ha come obiettivo creare terrore per sottomettere la gente semplice e buona. L’ospizio per anziani che venerdì inauguriamo sorge proprio vicino alla casa di quella povera vedova e si situa nell’occhio del ciclone dei cartelli del narcotraffico qui a La Laja. In queste strade vivrò la mia settimana, in mezzo a morte, terrore e paura. Non sono qui a portare nulla, sono qui a ricevere tutto. Sono quasi le 22, ma la mia testa è alle 5 del mattino. Voi in Italia leggerete tutto questo mentre qui sarà notte fonda. Vi lascio con una domanda di preghiera per questa settimana. Ogni giorno di questo viaggio difficile e duro e anche pericoloso accompagnatemi con tanta ma tanta preghiera: ne ho bisogno, e… buona notte dal Messico! Mi attende una nottata umidissima e piena di calore, con abbondanti bevute di acqua per cercare di stemperare il caldo. La Madonna di Guadalupe mi protegga e custodisca. Amen.
JOSÈ
Sto scrivendo con un’enorme stanchezza e tante provocazioni nel cuore. Sono ospite nella baraccopoli di Norma a La Laja, questa notte, nel tentativo di condividere la povertà grave di questa terra. Non esistono porte. Sono tre locali poverissimi, come tetto una lamiera e come bagno qualcosa che lontanamente richiama un water, ma tanta tanta generosità e cuore. Alex lo scorso anno è stato ridotto in fin di vita dal cartello del narcotraffico, la sua sposa, Norma, lavora come donna delle pulizie in città: hanno tre figli di cui il più piccolo Miguel è nel programma di adozione a distanza. Questa volta in Messico ho deciso di dormire così tra disagi e umidità ma con la volontà di condividere. È duro, ma è un cammino personale di purificazione esigente, anche drammatico, ma profondamente liberante. Dopo aver percorso strade in cui si contano i luoghi dove sono stati ritrovati cadaveri di morti ammazzati, giungo alla baraccopoli nella quale sono accolto come in una reggia. Sono poveri, ma pieni di dignità e di generosità: ti offrono tutto quello che possiedono. La testa mi scoppia per il sonno, per la stanchezza, per la scomodità della casa … Ma soprattutto per quanto ho sentito e visto oggi. Ho incontrato oggi tante storie di grande dolore, ne scelgo una che mi sembra pazzesca, anche se le altre non lo sono meno. Se non la scrivo non riesco a dormire, mi apparto sul terrazzo e inizio a scrivere.Lui si chiama Josè (nome di fantasia) ha 30 anni e lo incontro dopo la messa delle ore 18. “Padre, voglio parlare un momento con te… Hai cinque minuti?” Il tono e la voce dell’uomo sono molto particolari e nascondo una strana emozione. In verità non avrei molto tempo, ma la sua voce sembra essere esigente, non ammette un “No!” e, in verità, anche io sono molto curioso. Il giovane mi fa sedere sotto una grande magnolia che ci ripara un po’ dalla umidità forte e piena di caldo. Il giovane mi dice: “Sono sposato, ho tre figli e mia moglie. Ho dovuto abbandonare La Laja e spostarmi lontano da qui. Ma il motivo per il quale ho fatto questo mi ha stordito e mi ha profondamente cambiato l’identità.” Il giovane sembra attendere il mio consenso per raccontare e allora prontamente rispondo:“Raccontami tutto, sono felice di ascoltarti”.Il giovane padre apre il suo cuore e inizia a raccontare.“Io ero un cantante in alcuni locali notturni di Acapulco e ne giravo almeno cinque molto rinomati. Talvolta entravano in questi posti uomini ricchi, altre volte uomini con armi sotto la loro giacca. Fu proprio un gruppo di loro a incuriosirmi, una sera, perché, appena entrati, mi puntarono con il dito e iniziarono a guardarmi e ascoltarmi. Di tanto in tanto si guardavano durante la mia performance e facevano sì con il capo… Iniziai a pensare che fossero interessati alle mie canzoni. Al termine della sera uno di loro mi si avvicinò e mi disse, con fare deciso, che li dovevo seguire. Nella mia ingenuità pensai che mi volevano proporre un nuovo lavoro. Con poche esitazioni decisi di seguirli, senza pensare minimamente a quello che mi aspettava quella sera. La sera più terribile della mia vita”. Il giovane divenne visibilmente nervoso. Il ricordo abbastanza fresco lo feriva profondamente, ma continuò:“Quegli uomini salirono su un grande fuoristrada blu scuro e la grossa auto lasciò la città verso un luogo solitario sulle pendici della baia di Acapulco. Il terrore mi assalì finché, in un bosco, la grossa auto si fermò e gli uomini estrassero dal baule un uomo vivo ma legato e incappucciato. Iniziarono a tremarmi le gambe… Cosa vogliono questi da me? La risposta venne subito. Un uomo alto e grosso mi mise in mano una pistola e mi disse ‘Uccidilo, tu devi ucciderlo…’. La sua domanda era forte e decisa. Me lo disse per tre volte… Ma più lui chiedeva ed esigeva e più prendevo forza interiore. Rimasi in silenzio e dissi semplicemente: ‘No! Non lo posso fare, non posso e non potrò mai uccidere nessuno!’ L’ uomo mi riprese il revolver e senza pietà scaricò tutti i colpi del caricatore contro quell’uomo. Rimasi intontito e profondamente sconcertato… Ma il gioco demoniaco non era finito… Era solo all’inizio. Un secondo uomo andò verso la macchina e prese un grosso machete. Venne da me e di nuovo mi pose nelle mani quell’arma e mi disse: ‘Se non lo hai ucciso ora però devi squartarlo, e farlo a pezzi. Su questo non transigiamo!” Immediatamente esaminai la situazione e compresi che c’erano poche soluzioni. Non si trattava più di uccidere una persona ma di farla a pezzi e, in più, gli uomini sembravano incattiviti. Iniziai così a fare a pezzi il cadavere provando disgusto, vomitando, piangendo, sotto gli sguardi ghiacciati dei miei aguzzini. Ero tutto sporco, bagnato di sangue… e poi l’odore del sangue, il caldo della carne, il rosso del sangue, le interiora completamente spappolate. Finito lo squartamento stavo male… ma il lavoro non era finito. ‘Ora brucia tutti questi pezzi di carne con galloni di benzina’. Iniziò l’ultimo terribile momento del macabro rituale. Il terribile fumo scatenato non sembrava minimamente preoccupare quegli uomini. Era l’alba quando gli uomini del cartello del narcotraffico mi scaricarono ai margini della strada… Con gli abiti imbrattati di sangue girai la città come uno zombi ponendomi un’unica domanda: perché tutto questo?”Mentre il giovane raccontava mi veniva da vomitare, mi girava la testa e volevo scappare lontano da quel racconto, ma al giovane Josè diedi impressione di un gelo profondo… Mi ripresi subito e tra me e lui scese il silenzio… Finché guardandolo negli occhi lo abbracciai forte forte. Poi dissi l’unica cosa sincera che mi venne in mente:“Sei stato bravo, non hai ucciso! Dimentica tutto il resto. Ti conforti il fatto che con un coraggio estremo, rischiando la tua vita, non hai ucciso… Il resto dimenticalo tutto perché vuole avvelenarti la vita! Non permettere che questi uomini avvelenino la tua vita. Ostinatamente dimentica il resto e, per dimenticare il resto ostinatamente, ricorda che non hai ucciso!”Il giovane mi disse semplicemente una parola:“Grazie padre! Era esattamente quello che volevo sentire. Io ho lasciato La Laja e vivo lontano da qui, ma quando torno qui a trovare i miei parenti passo da questa cappella. Oggi ho ascoltato la tua messa e ho preso coraggio di raccontare questa schifosa e rivoltate storia che mi sta uccidendo, perché è vero che non ho ucciso ma i cartelli della droga mi hanno destrutturato la vita, sono un vegetale padre!”“Non è vero Josè. Sono io che sono un’ameba, tu sei un grande! E questa storia che mi ha rivoltato lo stomaco mi ha aiutato a capire quanto sia difficile qui essere cristiano e affermare il valore della vita. Tu oggi, raccontando questa storia, mi hai aiutato a prendere coscienza che devo essere più coraggioso in Italia nel dichiararmi cristiano come lo sei stato tu!” Il giovane mi abbracciò forte…“Anche tu, padre, questa sera hai portato un po’ di pace in me. Torna a Roma, ma non dimenticarti di me…” “È impossibile dimenticarti – gli risposi – ma questa notte io ti chiedo di pregare per me. Me lo prometti?” Josè mi guardò con un volto più sereno. Mi disse un semplice ‘sì’ e salì sulla sua macchina… Ma questa notte come farò a dormire dopo aver incontrato questa storia? Pregate per me amici miei…
ALEJANDRA
La mia scelta qui in Messico è quella di vivere con le famiglie vittime della violenza e di convivere con loro il dolore. Non è facile raccogliere e poi raccontare queste storie di lancinante dolore. Sono strade bagnate di sangue, cosparse di pezzi di cadaveri ritrovati in sacchetti di plastica… come quelle due mani trovate la settimana scorsa in una via a due passi da qui, messe su un piatto di plastica e adornate di verdura, come un piatto da gustare. Rituali macabri e dal sapore satanico per la violenza e per la sua forza di paura. Questa vicenda riguarda una povera mamma che ho incontrato con le lacrime agli occhi e con la mente completamente offuscata dal dolore. Si chiama Alexandra ed è una vedova con due figli. La figlia più grande si chiama Daniela e ha 17 anni, mentre il figlio più piccolo si chiama Carlos. Daniela va a scuola e suo maestro è lo zio Juan (tutti nomi di fantasia). La storia ha dell’incredibile per la sua violenza e la sua stupidità. I compagni di classe di Daniela sentono Juan, lo zio, parlare di un’auto nuova che voleva comperare. Dunque pensano che abbia soldi. Decidono così di sequestrare lui e la nipote per chiedere un facile riscatto. Ma non hanno fatto i conti con alcune complicazioni… La ragazza li riconosce e minaccia di denunciarli una volta liberati. Dunque i compagni di scuola decidono che non la possono più liberare perché li avrebbe denunciati. La ragazza muore in modo orrendo e il cadavere viene rimandato ad Alexandra che lo ritrova crivellato di colpi di pistola. Lo zio viene tenuto in vita per chiedere riscatto. Alexandra paga una parte della grossa somma, ma si ritrova alla porta di casa un secondo cadavere perché la somma non era quella stabilita. Mentre la donna mi sta raccontando questo orribile fatto entra in casa il figlioletto più piccolo che ha un volto triste è spento. Lo abbraccio forte, ma il mio abbraccio non è corrisposto… Quel piccolo mi sembra già un anziano dalla vita distrutta da un incredibile e duro lutto che spegne la vita. Alexandra mi guarda con grande intensità. Ė una donna molto magra. Gli occhi sono pieni di lacrime. Il suo discorso si perde e probabilmente il suo cervello è bruciato dal dolore… Inghiotto amaro. Queste storie di dolore che sto raccogliendo mi fanno male. Sento il dolore nello stomaco, nell’anima. ‘Come è possibile tutto questo’ mi chiedo? Cerco di dare una carezza ad Alexandra. Lei mi prende forte la mano e la stringe, la stringe piangendo! “Perché, padre, me li hanno uccisi? Perché li hanno uccisi in modo così atroce? Non riesco a togliermi dal cuore gli insulti che mi dicevano al telefono mentre chiedevano il riscatto! Io prego, prego, ma Dio esiste? Per me questo Dio è muto… Perché io non lo sento e in questo buio in cui sono sprofondata non lo vedo”. Mi rendo conto che la donna è troppo scossa per ascoltare la mia parola, mi rendo conto che vive in un’altra dimensione lontana da me. E allora sto in silenzio. I minuti passano. Io non parlo e lei mi fissa… Passa ancora del tempo e poi inizio a pregare: Padre nostro… Solo la preghiera può essere risposta al mistero del male. Esco da quella casa visibilmente scosso e mi avvio alla chiesetta di La Laja per la celebrazione della messa. Padre Ugo ha messo in chiesa un grande cartellone con scritta una preghiera che invoca la pace in mezzo alla violenza di questo paese. Leggo con avidità quelle parole, in pianto…questa sera quella bella preghiera mi torna in mente lontano da La Laja, in un piccolo paese di Guerrero che si chiama Chilometro Trenta, un luogo centro dello spaccio di droga. Guardo dalla finestra e al bar di fronte alla chiesa dove sto per celebrare la messa sono seduti due uomini uno con un fucile a ripetizione e l’altro con un machete. Sono due uomini del cartello che presidiano il paese roccaforte dello spaccio di droga. Qui l’esercito non può entrare. E forse è meglio così visto che la corruzione è talmente forte da eliminare ogni distinzione tra politici, esercito, polizia e crimine organizzato. Non mi sento tranquillo qui, ma anche questo fa parte della cura della mia stupidità. In questi giorni vivo accanto a un sacerdote straordinario che si chiama padre Jesus. Ė un grande modello per me di come vivere il sacerdozio nella dedizione ai poveri e agli ultimi. È tempo di preparami per la messa in mezzo a una natura meravigliosa che mi ricorda la foresta di Mazuko in Perù, la vegetazione del Vietnam e anche alcuni tratti del Kenya. Una natura meravigliosa fatta di colori e di alberi bellissimi che ristorano lo sguardo stanco di guardare solo al male del crimine organizzato.
DELIA
Sono in macchina con Miguel Angel, un giovane autista che mi sta portando dal villaggio chiamato Chilometro Trenta al piccolo paese di San Louis de Acatlan. Sono 4 ore di macchina e le strade sono gonfie di acqua. Piove e la pioggia stempera il forte calore… Devo sfruttare ogni istante nel tentativo di descrivere l’inferno in cui vivo. Ormai la colonia di La Laja mi è familiare. Anche in mezzo a tanta violenza riesci a gustare le semplici gioie del giorno come una secchiata di acqua sulle spalle mentre ti lavi nella catapecchia di Norma fatta solo di lamiera ma dove c’è tanto amore; oppure quando ti svegli la mattina in questa casa e vedi girare nel cielo stormi di piccioni che salutano il giorno; oppure il grido alle 5 del mattino: “Boillo” del ragazzo per la calle che vende il pane caldo del mattino… Tutte queste cose semplici si gustano anche nella disperazione! La storia è quella di Delia, una ragazzina di 14 anni che si è vista sterminare madre, fratello e zio nella tienda di famiglia, una polleria ora chiusa. Incontro Delia grazie a Roberto che mi propone il caso. La mamma di Delia si chiamava Luzdelia e, con il fratello, gestiva un negozio dove vendevano polli. A La Laja, entrando nella colonia, c’è la strada principale. In un portoncino verde abita il nostro Beto al quale, durante questo anno, il cartello ha ammazzato la sorella che ora riposa nella stessa tomba della madre al cimitero… La strada poi sale e troviamo ancora a sinistra la casa di Lisette alla quale hanno ammazzato il compagno Carlos. La casa la riconosci perché colorata di rosso. Mentre salgo un gatto attraversa la strada e, sulla destra, l’acqua cade in strada dai fiori appena bagnati. La gente mi saluta perché mi riconosce. Giungo alla tienda di Roberto che mi abbraccia festante. Ci salutiamo amichevolmente e il nostro incontro continua con Magda e Lourdes. Giungiamo davanti alla polleria ormai chiusa e Delia scende in strada. È una ragazza di 14 anni con il vuoto negli occhi. Roberto me la presenta: “Delia, questo è don Gigi. Vuole ascoltare la tua storia. Te la senti di raccontare?” La ragazza mi guarda negli occhi e poi guarda verso terra e con la testa dice di sì. Roberto per metterla a suo agio inizia il racconto. “Luzdelia, insieme a me, era una delle poche tiende ancora aperte a La Laja. Se tu guardi la strada, don Gigi, rispetto allo scorso anno… Tutti hanno chiuso. Il cartello esige il pizzo e lo devi dare. Bene, in questo negozio tre mesi fa, nel mese di agosto, entrarono gli uomini di un cartello per esigere il pizzo stabilito e Luzdelia lo pagò regolarmente. Il giorno dopo tre ragazzi dai 17 ai 20 anni entrarono per chiedere il pizzo per un nuovo cartello. In quel momento erano nel negozio Luzdelia, lo zio Roberto e il fratello Wilder. La donna, visibilmente scossa disse: ‘Ma ho già pagato ieri agli altri, non posso pagare anche voi, mettetevi d’accordo!’ I tre ragazzi lasciarono la tienda con brutte facce e dopo mezz’ora ritornarono armati e fu un inferno, padre!” Mentre Roberto parla Delia rimane vicino a lui, muta e con la testa china… Roberto continua il drammatico racconto: “I tre ragazzini iniziarono a sparare. Delia si è salvata perché si è nascosta sotto il bancone e non l’hanno vista. Sangue dappertutto, i brevi rantoli di morte di Luzdelia, Roberto e Wilder… e poi il pianto straziante di questa piccola ancora incredula davanti al fatto, al sangue e ai cadaveri.” Delia si stringe contro Roberto Prima di ascoltare Delia mi rivolgo a Xavier.“Ma, Roberto, tutto questo è assurdo… Perché?” Il giovane guarda Delia e, lentamente, mi risponde: “Hai detto la parola esatta: ‘assurdo’. Questo gioco di morte è assurdo. C’è un unico negozio, due cartelli se lo contendono. Tu pensi, secondo un ragionamento logico, che i due si ammazzino tra loro per la supremazia sulla tienda”. “Certo! – intervengo io… – Sarebbe logico che si uccidano tra di loro…” “Ma invece no! Non è così – interviene Roberto – si ammazza chi? Il povero proprietario che non c’entra nulla! Terribile… ma questo è l’inferno dove tu vivi oggi don Gigi! Raccontalo questo, scrivilo bene, perché si sappia tutto”.“Grazie Roberto , sei un grande amico. Come lo scorso anno mi hai aperto nuovamente gli occhi su fatti terribili. Dio ti benedica per questo. Ed ora sediamoci su quel muretto, lasciatemi ascoltare ora la voce di Delia, vedere il suo pianto, accarezzare il suo cuore ferito! Lentamente con Delia ci spostiamo verso un lato del muretto che da sulla Baia di Acapulco. Ė ormai sera, l’ umidità è meno forte, un leggero vento scompiglia i capelli della ragazza. Mentre guardiamo entrambi verso il mare:“Delia, domenica lascerò il Messico per fare ritorno in Italia. Ti vorrei portare con me, vorrei portare con me il tuo cuore, e raccontarlo agli altri… Cosa hai provato in quel terribile momento che ti ha spezzato la vita?”Dolcemente la ragazza si gira verso me, sta muovendo le gambe che penzolano dal muretto e inizia il racconto del casino…
C.R.A.C.
Centro Regionale Autorità Comunitarie, ecco spiegata la sigla. Niente a che vedere con il crac che conosciamo in Italia, una forte droga sintetica che spacca il cervello agli adolescenti. Nello stato di Guerrero, guidato dalla maestria di padre Jesus Mendoza Saragoza, ho voluto incontrare una realtà forte nella sua semplicità che costituisce un valido impegno contro i cartelli del narcotraffico. Si deve uscire da Acapulco e compiere tre ore di viaggio in mezzo a una natura per me sconosciuta ma meravigliosa. Per l’ennesima volta sto scrivendo in macchina di ritorno proprio da questo luogo che si chiama San Louis in Acatlan. Qui ho incontrato una polizia che non si riferisce allo Stato ma che si riferisce direttamente alla gente. La gente ha deciso di organizzarsi e di dar vita a una forma di vigilanza che tuteli dal narcotraffico e dal crimine organizzato e ci è riuscita con buoni risultati. Qui la violenza è molto meno forte di Acapulco e nulla paragonata a La Laja. Questa polizia non risponde a una persona ma a tutta l’Assemblea del Popolo. Si deve prestare questo servizio per un anno e non si viene retribuiti, si riceve solo da mangiare e nulla di più. Sono giovani che hanno, talvolta, solo 18 anni… più giovani di quello che sembrano, bambini che imbracciano un piccolo fucile da caccia e che presidiano le strade, le piazze e i piccoli centri abitati. Ragazzi che mi portano con il ricordo ai bambini soldato dell’Africa. Ma qui l’atmosfera è completamente diversa. Con padre Leonardo abbiamo visitato la centrale operativa in San Louis di Acatlan e così mi sono incontrato con il responsabile in capo, Pablo, che ci riceve con molta cordialità. Padre Leonardo gode di una buona popolarità tra di loro e loro godono di un’ottima popolarità tra la gente che non si fida più della polizia ministeriale e dell’esercito che ormai sono parte integrante del cartello della droga, ma solo dei propri uomini di polizia. Pablo inizia a spiegarmi con molta passione il loro servizio. “Monsignore, noi rispondiamo solo all’Assemblea del Popolo e a nessun altro. Ė lei che ci da le direttive. Tutti i ragazzi di questa zona di Guerrero prestano gratuitamente tale servizio e devono avere delle chiare caratteristiche. Devono essere incensurati, non devono avere tatuaggi, devono godere di moralità ed essere onesti. Il nostro compito è quello di proteggere la vita e il diritto dei nostri cittadini. La frase che ci guida è la seguente: ‘Proteggere i nostri diritti è atto di giustizia’. Questa esperienza non è nata ieri e qui, nella provincia di San Louis, è da più di venti anni che esiste. Non ha nulla a che vedere con l’esperienza dei guerriglieri di Marcos che, nel Chapas, dichiararono guerra allo Stato. Noi vogliamo la pace non la guerra con lo Stato. Siamo pacifici”. L’esperienza mi interessa molto, ma ci sono alcuni risvolti che non conosco e dunque decido di fare una domanda. “Mi scusi Pablo, ma… Se voi trovate uno che sta rubando lo consegnate alla polizia ministeriale oppure?” “No, padre, noi non consegniamo il delinquente allo Stato, ma abbiamo istituito una forma di correzione. Prima di tutto cerchiamo di investigare quello che realmente è accaduto. Poi viene stabilita una pena che va da pochi mesi ad alcuni anni. Il delinquente ladro, stupratore, ecc… viene inviato in un villaggio dove, sotto nostra sorveglianza armata, deve svolgere lavori socialmente utili. Sono lavori molto duri: costruire un ponte, ricostruire edifici comunali…” “E per mangiare?” intervengo io. “La gente a turno dà da mangiare quello che può. Non si tratta certamente di cibo di buona qualità ma, padre… è quello che la povera gente mangia. Non capiamo perché i delinquenti debbano mangiare meglio di chi non ha fatto nulla! In questi anni che scontano la pena, vengono anche accompagnati da una riabilitazione psicologica. Poi reinseriti nel loro paese per iniziare una nuova vita. Il lavoro è molto duro e alcune volte si ammalano, ma non si può trattare dolcemente questi criminali…” Padre Leonardo guarda l’orologio… È molto tardi e ci aspetta un pomeriggio di lavoro. Cortesemente salutiamo Pablo e poi usciamo per dirigerci alla parrocchia. Questo incontro mi ha fatto molto bene, è un seme di speranza che si deve coltivare in una terra sbranata dalla paura e dal terrore nella quale, comunque, ci sono uomini buoni e dal cuore grande. I messicani, nella stragrande maggioranza, hanno un cuore grande e generoso e questo cuore grande e generoso abita non dove c’è il potere e il denaro, ma dove c’è miseria e povertà. Proprio le case in cui abito in questi giorni: le case delle vittime della violenza… Manca mezz’ora ad Acapulco, l’umidità cresce. Oltre a questa bella testimonianza porto alcuni fogli che contengono la richiesta di costruire una casa per poveri e per anziani che frequentano l’ospedale ma non hanno dove andare dopo la prima cura. Preghiamo Santina che ci aiuti a capire quello che possiamo fare. Chiudo l’iPad. Sono le ore 13,15 di giovedì 10 novembre e mi attende un pomeriggio denso di appuntamenti con i parenti delle vittime. Prima di andare a riposare in casa di Janette e Mauricio, una delle famiglie delle vittime che sono nel nostro programma di adozione a distanza. Ho bisogno di chiudere gli occhi 5 minuti. Miguel Angel mi dice che manca mezz’ora ad Acapulco, una delle città più violente del mondo. Domani inauguriamo l’ospizio…Forse Santina non credeva di scatenare, con la sua sofferenza, il forte aiuto come stiamo dando qui a La Laja.
GABRIELA VICTORIA GALLARDO
Incontro la donna nella parrocchia della Colonia di La Laja. La sua storia può essere una storia bellissima di liberazione e di rielaborazione del lutto: un autentico riscatto, duro difficile e amaro da un dolore che infetta la vita. Da questo dolore è nata una Associazione chiamata ‘Erika LisethÈ, dal nome della figlia ammazzata, e da questo dolore è nato sorprendentemente il perdono. La storia è raccapricciante, chiede significato, ma rimane assurda. Gabriela, che chiameremo Gaby è nata il 13 giugno 1970 e ha 46 anni. Si sposa, ma il matrimonio non è molto felice. Seguono la separazione e il divorzio con un nuovo matrimonio. Accolgo Gaby in un sobrio locale della parrocchia. Lascio la porta azzurra di ferro aperta per il caldo e l’umidità, ma Gaby mi dice: “Padre possiamo chiudere la porta? È meglio per te! Accendiamo i ventilatori.” Come un automa obbedisco velando bene nel mio cuore la paura di quella frase. Mi chiedo nel cuore ‘perché?’. Preferisco non chiedere spiegazioni a quella donna che ha accettato di parlarmi non senza difficoltà. Le prime battute riguardano la sua associazione è quello che essa svolge. L’associazione svolge un servizio di prevenzione del crimine nei bambini e conta 15 volontari con il sostegno del Governo federale. Mi piace molto questa bellissima iniziativa nata da un grande dolore. Se ognuno di noi trasformasse il proprio dolore in aiuto ad altri perché non soffrano come i nostri cari, il mondo sarebbe certo migliore! “Grazie Gaby del tuo bellissimo esempio, è per me un grande tesoro… Bene, so che ti farà male, ma possiamo parlare del tuo dolore?” La donna con molta dolcezza mi risponde: “Don Gigi sono venuta qui per questo, iniziamo pure”. La donna inizia con voce più bassa a parlare. “Erika Lisethe aveva 20 anni e studiava all’università di architettura e aveva una grande passione: il pattinaggio. Era preoccupata per il futuro dei bambini e mi incoraggiava dicendo che avremmo dovuto fare qualcosa per loro, per proteggerli da tanta violenza. Proprio questo sta facendo ora la nostra associazione che non ha alcun fine di lucro. Tra i compagni più cari dell’università Erika Lisethe si affezionò ad una amica che si chiamava Cahori. Le due ragazze iniziarono a frequentarsi e a diventare amiche a tal punto da considerarsi sorelle. Cahori iniziò così a frequentare la mia casa, come fanno le amiche più intime… Mai avrei pensato…”Le lacrime iniziano lentamente ad affacciarsi nei begli occhi della donna che tace. Rispetto il suo silenzio, non voglio invadere la sua vita che conosco solo da alcuni istanti. Le chiedo se vuole acqua, mi risponde di no. Inghiotte amaro e continua a parlare. Gli offro un fazzolettino di carta. “Si avvicinava il giorno del suo ventesimo compleanno e la ragazza mi chiese se poteva partecipare a una festa organizzata per lei da Cahori e da 7 ragazzi. Io le chiesi dove era stata organizzata e Erika Lisethe mi disse che avevano affittato un locale privato ad Acapulco in località La Briza. Dissi di no, che non mi piaceva. Il gruppo di otto tornò nuovamente a proporre la festa, questa volta in spiaggia. Dissi di sì, ma di tornare prima del tramonto” La donna racconta tutto con grande lucidità e quasi freddezza. Si vede che questa storia l’ha ripetuta centinaia di volte e studia ogni parola per farmi capire gli avvenimenti, quasi una maestra che volesse tenere una lezione. “Grazie Gaby del tuo racconto preciso e calmo che mi aiuta a esprimermi in spagnolo” La donna accenna a un sorriso e continua il racconto:“Nel pomeriggio chiamai Erika al telefono e chiesi con chi era. Lei mi rispose facendo il nome di Cahori e dei sette ragazzi. Padre avevano già programmato tutto per quel giorno, tranne che mia figlia dicesse il loro nome al telefono, e quindi non attuarono il loro macabro programma” Mentre Gaby mi parla cerco di capire dove vuole andare a finire questa maledetta storia… “Scusa Gaby cosa vuol dire?” La sua risposta è una martellata in testa. Alla mia domanda un lampo passa nei suoi occhi e con molta forza e in modo studiatamente diretto mi dice: “ Sono stati loro otto: Cahori e i sette ragazzi ad ammazzare la mia Erika!” Nel cuore di una mamma il dolore per la morte di un figlio non si sana mai… possono passare anni o secoli ma il dolore rimane! “Sì, don Gigi questo è il centro della mia storia… Ma ti continuo a raccontare. Erika tornò a casa tardi quella sera e per castigo gli impedii di uscire il fine settimana, le tolsi il cellulare e poi il martedì uscì di casa per andare a sostenere un esame. Non è tornata. Alle 9 di sera una voce che mi spaccò il cuore mi chiese un riscatto! Cahori aveva organizzato tutto, tanto è vero che questa banda di disgraziati si chiamava Cahori in onore di questa ragazza malvagia. Pensa don Gigi che durante gli undici giorni che durò il mio calvario Cahori veniva a casa, mi consolava, si comportava come una persona preoccupata per l’amica del cuore, per quella che lei chiamava ‘sorella’. Giorni terribili: ero come un giaguaro, quei giaguari forti e intelligenti del nostro Chapas qui in Messico. Iniziai a parlare con il comandante della polizia, ma mi resi subito conto che non andavo da nessuna parte. Mi rivolsi allora all’esercito e mi diedero risposte folli, del tipo: ‘Ti diamo un’arma signora per proteggerti, perché noi non possiamo farlo’, ‘…Ma non so spararÈ. ‘Ti insegniamo a farlo’. ‘Non ho un porto di armi’. ‘Ti diamo il porto d’armi’. Quelle stupide risposte mi gettarono nel più profondo sconforto in quei lunghissimi undici giorni. Normalmente, padre, questi delinquenti che hanno sequestrato e ammazzato ben 29 persone tenevano le loro vittime tre giorni e poi li uccidevano. La mia Erika No!” Faccio fatica a scrivere sui miei fogli. Le parole che mi dice sono troppo forti.“Ma, Gaby, quale è il motivo di questo orrore?”“Il motivo era stupido è assurdo: pagarsi gli studi e farla franca, continuare a essere dei bravi studenti universitari. Non ti sembra folle tutto questo don Gigi?”Questa volta sono io a tacere, qui non c’entrano i cartelli della droga, e poi, ‘la polizia e l’esercito dove sono?’ mi chiedo in silenzio…Gaby prosegue il suo racconto in modo più concitato:“Undici giorni dopo la polizia mi chiama per identificare il cadavere. Era buttato in un cassonetto dell’immondizia. La testa nascosta da un passamontagna. Appena lo abbiamo tolto abbiamo visto i terribili lividi dello strangolamento. Aveva le mani legate dietro le spalle da troppi giorni e, appena abbiamo sciolto il duro laccio, la pelle si è staccata attorno ai polsi troppo compressa per troppi giorni. Segni di violenza dovunque sul sedere, sulla vagina, lividi per tutto il corpo… Soprattutto la pelle completamente disidratata. Non le avevano dato da mangiare né da bere per ben undici giorni. Ma la cosa più terribile venne nei giorni seguenti. Quei poveri indemoniati si presentarono tutti otto al funerale per non destare sospetti, ma fecero ancora di più un gesto magistrale per mostrare il loro affetto a Erika. Regalarono, nell’ occasione del funerale, una grande fotografia di mia figlia da appendere in università”.La donna scoppia a piangere. Smetto di scrivere e l’abbraccio forte, le asciugo le lacrime e le offro un bicchiere di acqua, quasi una reazione furibonda a questo abisso di male che la donna mi vomita addosso. Provo disgusto, ribrezzo. Ho girato tutto il mondo in situazioni sconcertanti, ma questa cosa NO!. Qui non siamo in Iraq, a Gaza o a Garissa! Qui c’è una cultura di odio che sembra essere ancestrale, immotivata e senza alcuna prospettiva e significato. Stavo male anche io perché. alla fine, sentire decine di storie così in una manciata di giorni di manda al manicomio. Ci sediamo nuovamente.“Come stai ora?”La donna si calma e inizia a raccontarmi la sua storia.“All’inizio stavo male, mancava Erika, il modo barbaro dell’uccisione… Non dormivo la notte, non avevo più nessuna prospettiva, occhi spenti, dimagrivo, apatia profonda del cuore e della testa. Pastiglie che ancora oggi prendo in forma molto ridotta per attenuare l’ansia. Poi ci fu il momento in cui stetti peggio quando, tra difficoltà e intralci, venne a galla la verità sporca sui sette ragazzi e… su di lei, Cahori! Le indagini hanno accertato, nei mesi scorsi che ne hanno uccisi 29 e che li hanno uccisi senza alcun pentimento. La segretaria del comandante che raccoglieva le loro deposizioni diceva di stare male mentre, con freddezza, correggevano i verbali sullo squartamento di uno, sullo sgozzamento di un altro! Quando la verità venne fuori ci fu una nuova fase del mio terribile lutto, non solo nei loro confronti, ma soprattutto nei confronti delle autorità governative che giocavano a insabbiare i fatti, avvocati superficiali e corrotti, agenti di polizia che non volevano chiarire i fatti. Dolore nel primo momento, sgomento e repulsione nel momento del processo che stabilì i colpevoli, rabbia contro le autorità in un terzo momento: questo era il cammino del mio lutto destinato a trasformarmi in una belva se… non avessi incontrato Padre Jesus, il tuo amico che mi ha chiesto di venire qui per te. Questo prete splendido mi fece fare un cammino che ha del prodigioso. Io non ero molto praticante, ma padre Jesus non mi chiedeva nulla… Iniziò col dirmi che dovevo mangiare, mi indicò anche con grande dolcezza alcuni cibi che secondo lui mi facevano bene. Iniziammo insieme un cammino che trasformò il mio lutto e dolore in una grande opportunità. Il padre mi ricordò che io avevo l’opportunità di prendere importanti decisioni nella mia vita e così decisi di diventare una Super-vivente e di smettere di farmi chiamare, come le autorità del mio Paese chiamano noi, vittima. Questa decisione mi costrinse a perdonarli, ad affidare la mia vita a Dio e smettere di avere paura, lavorare tutti i giorni perché la mia gente non viva, come io ho vissuto, un dolore così grande che sembra ucciderci. Perché i nostri giovani non distruggano la loro vita con questo odio verso i propri simili assassinando o usando droghe. Lo devono fare non per me, ma perché il mio bambino non merita di crescere in una società sbandata… Nel frattempo il Signore poneva sulla mia strada dei segni inequivocabili della Sua vicinanza, il più bello è stato che, dal secondo matrimonio, è nato Elias Gabriel ed è nato il giorno stesso in cui era nata Erika, nel giorno del suo compleanno. Questa cosa fece molto bene al mio cuore che cominciò a battere nuovamente per questa vita nuova che si sovrapponeva a quella di Erika. Iniziai così a pensare a questa Associazione di cui prima ti parlavo e a mettere per scritto finalità e statuto…” Mentre Gaby mi parla, guardo allo statuto di Fondazione Santina e, in modo diverso, è meno drammatico. Ripenso a Santina e a come, dal suo grave dolore, è nata questa bella realtà che mi ha fatto incontrare Gaby. La donna si accorge che ho gli occhi lucidi e mi domanda cosa hai? Rispondo che davvero Dio usa il dolore come materia prima per formare i suoi capolavori. “Gaby guarda al dolore di Gesù e cosa è nato dal quel dolore, guarda al tuo dolore e guarda cosa stai facendo, ma… nel mio piccolo il dolore di Santina sta aiutando tanti ragazzi nel mondo e 10 qui a La Laja! Noi dobbiamo risentirci e dobbiamo fare in modo di collaborare in alcuni progetti che potremmo condividere. Non ti sembra?” L a donna sorride: “Certo, padre, sarà bellissimo…” Il tempo sta fuggendo… Troppo poco qui in Messico con situazioni così gravi! Devo incontrare altre famiglie di vittime, come quella della piccola Luna. Vogliamo portare a dieci il numero delle adozioni a distanza. Ma non resisto e in modo diretto, ruvido e poco gentile chiedo a Gaby: “Ma…. Sei riuscita a perdonare a Cahori?” La donna dagli occhi dolcissimi mi guarda in silenzio: “Ho incontrato Cahori durante il processo. Ho posto a lei una domanda semplice: Perché? La povera disgraziata ha iniziato a dire che lei non era colpevole. La guardai con forza, una forza che non veniva da me, quella forza mi passò dallo sguardo al braccio destro. Lo alzai e con la mano diedi a Cahori una lenta e lunga carezza piena di dolcezza e poi… senza dire una parola, nel silenzio più profondo, mi sono girata e sono venuta via. Con quel gesto una profonda pace mi è entrata nel cuore e da allora mi dico ‘non hai nulla da condividere con loro otto, non abbassarti al loro livello… Vola alto e impegnati perché altri ragazzi non facciano la stessa fine di Cahori’. Tutti i giorni esco per strada con la certezza che solo Dio dà e toglie la vita: solo Lui! Per questo non ho più paura. Chiaro, prendo le mie precauzioni perché non devo lasciar tutto a Dio, anche io devo fare la mia parte. Ascolto così una vocina dentro di me quando mi parla e mi dice che qualche cosa può essere pericolosa, ma mai permetto che la paura mi impedisca di amare la vita, come la amava mia figlia Erika. Ringrazio Dio per quanto ci dà, per quanto ci permette di ricevere e che mi fa scoprire che proprio in questo momento sto condividendo la mia esperienza con gente meravigliosa, nonostante il male nel mondo. Così vivo da allora è forse solo questo vale la pena di scrivere nel tuo libro. Padre ti prometto la mia preghiera. Qui da noi diciamo che: cuando una guerrera ora de rodillas el infierno tiembla, quando una donna abitante di Guerrero prega in ginocchio l’inferno trema! Non avere paura tutti noi qui a Guerrero ti seguiamo con la nostra preghiera”.Apro la porta azzurra, un forte sole illumina il volto di Gaby. L’abbraccio teneramente e ringrazio Dio per questo immenso regalo che mi ha fatto facendomi incontrare Gaby e la sua storia di perdono e di bene.
CECILIA
Le luci si sono spente dopo cena, il gigante dell’aria, il nuovo airbus n340 con più di seicento persone a bordo vola tranquillo verso l’Europa. Alla mia destra una donna si è accartocciata in una coperta e tenta di dormire con i piedi sul… tavolino. Alla mia destra un piccolo si è felicemente addormentato. Sono le undici e, prima di dormire, non mi posso lasciare sfuggire la storia di Brian da inviarvi da Parigi. Ieri ho parlato a lungo con Cecilia e il suo racconto non cessa di tormentarmi. Metterlo per scritto, ripensarlo, decifrarlo mi fa bene. Sono felice ma tanto provato dalle continue storie di dolore sentite in questa settimana… non si assimilano in poche ore. Porto strascichi di paura nella testa, tanta stanchezza… Oggi la messa alla Madonna di Guadalupe, il pranzo con un vecchio amico ora nunzio in Messico mi ha veramente tonificato, a parte la figura di divorare tre succulenti pezzi di filetto dopo una settimana di riso, fagioli, dissenteria e tanta angoscia. Uscire da La Laja, tornare in un ambiente sicuro dà un senso di pace ma scatena il ricordo dei familiari delle vittime della violenza e, prima di dormire, non posso dimenticare Cecilia e suo figlio Brian, vittime della stessa sciagurata banda chiamata Los Cahori, dal nome della scombinata ragazza. L’incontro con Cecilia è una sorpresa: due appuntamenti diversi fornitimi uno da padre Jesus e l’altro da Magdalerio giungono alla stessa banda efferata che ha ammazzato 29 persone. Cecilia è una signora grassoccia completamente devastata dalla morte del figlio Brian. Il suo ragionamento non è sempre logico, è accompagnata dalla figlia Cristie di 19 anni. Anche lei varca la porta azzurra della spartana sala parrocchiale di San Nicola di Bari. Identico rituale: lascio la porta aperta e, questa volta, Cristie non dice nulla ma chiude la porta, guardando prima che nessuno fuori stia guardando. ‘Ha ragione!’ dico dentro di me. Sul muro della parrocchia che dà su Retorno de Los Amates, lo scorso anno, c’era un triste regalo: la testa di una ragazza! Anche questa volta non dico nulla. Cecilia mi scruta… non è sicura di poter parlare. Con grande tranquillità le dico che non è obbligata, ma che vorremmo prendere nel nostro programma di adozione a distanza il suo piccolo Moses di 8 anni, quale segno di vicinanza al suo dolore. La donna sorride e ringrazia. “Padre, grazie di cuore, lo accettiamo volentieri, ma non è facile parlare della morte del mio Brian. Ma sai che giorno è oggi? 11 novembre. È il suo compleanno… Sono tornata ora dal cimitero dove ho invitato più di venti suoi amici e lo abbiamo festeggiando mangiando cose che a lui piacevano”. La donna inizia un racconto del suo rapporto con il morto che rasenta la follia. Mentre mangiavano attorno alla tomba offriva cibo anche a lui. C’era una sua grande fotografia.Ora, a parte il culto latinoamericano di fare visita ai parenti defunti e li mangiare, che avviene anche in Perù, il tono della donna è troppo carico e si notano i guasti formidabili provocati dalla tragedia passata e dalla quale è difficile riprendersi. Cerco di riportare il discorso su Brian e Cecilia inizia a parlare del fatto che lei è incaricata di raccogliere i soldi dei commercianti e darli al cartello. Appena il suo discorso scivola su questo argomento, mi spavento e mi rendo conto che è proprio meglio non conoscere nulla di questa attività alla quale è costretta. Non è opportuno, è pericoloso e poi non ha alcun senso. Guardo Cecilia e, diretto e con tono deciso, ritorno al presente.“Cecilia, siamo qui per parlare di Brian, non del tuo lavoro che non mi interessa”.La donna si riprende, mi chiede scusa, guarda la figlia e rimane muta. La figlia la incoraggia dolcemente a parlare.“Don Gigi, los Cahori hanno ucciso mio figlio! Hanno ucciso lui e me due volte. Però non voglio denunciarli, anche se è chiara la loro nell’uccisione di Brian. Ti darò i documenti del processo e dell’autopsia in cui vedrai con chiarezza che devastazione hanno fatto.”“Cecilia, ma perché non li hai denunciati? Non capisco! Siete 29 persone… se ti unisci a Gaby e agli altri la loro condanna è certa. Insieme avete più forza!”Mi sembrano parole valide e moderate, ma Cecilia mi risponde immediatamente.“Don Gigi, si vede che non vivi a La Laja. Qui la vita è più complessa e dura di come pensi. Devi sapere che uno di questi disgraziati che hanno ammazzato Brian ha come padre uno colluso con gli alti ranghi del cartello… Quando le indagini iniziarono ad andare contro l’idiota del figlio assassino cosa fece? Ci invitò a pranzo! Uno squisito e costoso pranzo di avvertimento. Prima iniziarono con le più sentite condoglianze, poi sulla necessità di far luce sugli assassini e che lui ci avrebbe aiutato parlando con i potenti del cartello che lui conosceva. Mentre lui ci parlava di aiuto mi sentivo sprofondare. Il padre sosteneva, con un linguaggio tipico della mafia, che se avessi provato a denunciare il figlio il cartello ce l’avrebbe fatta pagare cara. Mentre quell’uomo cattivo parlava così, notai l’assenza del compagno assassino di Brian. La buona cena mi andò di traverso e divenni pallida. Dissi a mio marito che non mi sentivo bene e che volevo tornare a casa. Mio marito subito acconsentì. Salutammo i due coniugi sopportando, con il veleno nel sangue, le ennesime false condoglianze e riprendemmo il viottolo per tornare a casa. La Laja era completamente deserta come sempre la sera. Mio marito mi prese a braccetto e iniziò un discorso calmo ma deciso. ‘Cecilia ti devo parlare. So che tu sei determinata a denunciare questo ragazzo, ma non lo fare. Vedi, io insegno proprio nella zona controllata da questo cartello, perderei il lavoro nel giro di poche settimane. Ma ti dirò di più, non farlo per me, ma per i nostri figli rimasti vivi! Potrebbero ucciderceli e potrebbero uccidere anche me. Non vorrei che domani, appena denunciati gli otto ragazzi, ti arrivasse alla porta di casa il mio cadavere…o peggio quello dei nostri figli. Ragiona e non farlo!’ Don Gigi questo è il motivo per il quale io non denuncio nessuno, non voglio avere altri lutti in famiglia, capisci?” Rimango in silenzio e intuisco che questo mondo devastato dal male è una lotta continua in cui ti devi solo proteggere. Purtroppo Cecilia ha alcune ragioni e grandi attenuanti al suo mutismo e alla paura di farsi vedere con me. Non do risposta ma una carezza alla donna che si strinse in un forte abbraccio con la figlia Cristie. La ragazza invita la mamma a parlare della morte di Brian e lei inizia a percorrere di nuovo il calvario di sangue il cui crocifisso è un semplice ragazzino di 17 anni. “Invitarono mio figlio a una festa. Lo pregai di non andare. Lui mi diede un grande abbraccio come sapeva fare lui, e io gli concedetti il permesso. Uscì il pomeriggio con la promessa di ritornare per le ore 18. Il ragazzo non rientrò. Alle 9 di sera mi squillò il cellulare, era il suo! Mi rispose una voce a me, sulle prime, estranea… ma poi avrei capito che era la voce di Jonatan il cui padre ci aveva invitato a cena. La voce ci disse di ricaricare il cellulare perché avevano rapito mio figlio e quello era l’unico cellulare con il quale proseguire nelle trattative. Chiedevano 400.000 pesos e ci dissero che avrebbero richiamato due ore dopo dandoci il tempo di ricaricare il telefono. Riagganciai il telefono incredula e ne parlai con mio marito. Cristie interviene: “Padre, sulle prime non credevamo che fosse vero… Io vedevo che mio fratello era in linea su Facebook e mandai un messaggio dicendo di rientrare presto e di non fare scherzi scemi. Mentre scrivevo vedevo che dal suo profilo scomparivano tutte le chat con gli otto amici. In seguito avrei capito il perché. Poi la pagina Facebook di mio fratello andò fuori linea per sempre. Alle ore 23, ci chiamarono e ci dissero che due giorni dopo ci avrebbero detto dove depositare il riscatto. Passarono ore frenetiche durante le quali cercammo di racimolare i soldi. Ma il giorno seguente successe una cosa”. Cecilia ferma la figlia: “Vuole vedere cosa è successo?” Così dicendo prende il cellulare e parte un videoclip di un paio di minuti in cui i carnefici torturano il ragazzo tagliuzzando il collo con un coltellino e riempiendo di parolacce lui e la madre. A momenti svengo. Divento pallido. Di tutti gli incontri questo è il più forte perché mi propone la vittima davanti! La ragazza strappa il cellulare e stoppa fortunatamente il video. Apro la porta azzurra. Ho bisogno di respirare. La donna piange sul tavolo e Cristie mi segue dicendomi:“Padre, scusaci, ma tu ci hai detto che volevi essere partecipe del dolore”.Ho il volto pieno di lacrime. La ragazzina si avvicina e con infinita dolcezza mi asciuga le guance.“Padrecito, non llorar!” La abbraccio forte. L’umidità si è resa ancora più fastidiosa, accentuata dal malessere in cui mi trovo. Rientriamo e l’orrore continua… Cecilia con estrema lucidità racconta. “Portai il riscatto al luogo stabilito convinta che quei soldi avrebbero liberato mio figlio. Passarono 48 ore e ci giunse una telefonata dalla polizia mortuaria. ‘È stato rinvenuto un cadavere e una voce anonima ci dice che è vostro figlio, potete andare all’ obitorio a controllare?’ Mio marito disse che andava lui insieme a mio cognato. Giunti all’obitorio chiesero se c’era il cadavere da identificare di un ragazzo di 18 anni. Il medico disse: ‘Qui è giunto solo il cadavere di un giovane pieno di tatuaggi, è il vostro?’ Quella frase mise animo a mio marito che, prontamente, rispose di no. A quel punto suonò il cellulare di mio marito. Era il cellulare di mio figlio, la voce al cellulare disse in un tono agghiacciante: ‘Dovete domandare del cadavere squartato’ e riagganciò. Fu l’ultima telefonata. Mio marito tornò e riconobbe nei pezzi squartati il cadavere di Brian. Tornò a casa e mi disse: ‘Cecilia, ti devo parlare. Ho riconosciuto il cadavere di nostro figlio. C’è una parte buona: non ha sofferto perché gli hanno sparato alla testa; e c’è una parte cattiva della notizia: lo hanno fatto a pezzi. Vogliono ricomporre il cadavere. Dammi qualche cosa che torno a vestirlo’”. Cecilia, con un dolore che usciva da tutti i pori, stava rivivendo per l’ennesima volta lo strazio di quella morte… Volevo fermare il suo racconto, ma capii che era troppo tardi e che dovevo lasciare sfogo a quel dolore. E la donna lo fece… “Arrivai all’obitorio, riconobbi la salma da una vecchia cicatrice sulla mano, capii la evidente benevola bugia di mio marito perché il ragazzo era stato sgozzato e poi tagliato in sei pezzi. Padre la mia vita è finita li. Il mio cervello non funziona più, non dormo, sono agitata. Quella vista mi ha avvelenato. Come è possibile tanto odio? Come è possibile tale sadismo?” Mentre la donna finisce di parlare mi alzo e l’abbraccio forte. Ora è tempo di parlare.“Ora basta Cecilia, basta! Per te… ti stai uccidendo facendo così. Ogni volta che ripeti questa storia con questi toni così forti tu stai male. Ti chiedo scusa. Quello che hai raccontato è sufficiente. Trova pace nel tuo cuore. Loro non possono, dopo aver ucciso tuo figlio, uccidere te! Ascolta, parliamo di cose belle! Questa storia la scrivo tutta per mostrare a tutti il tuo amore e il tuo dolore e perché tutti possano riflettere sull’aberrazione del male. Posso? E poi vorremmo starti vicino con l’associazione dedicata a mia mamma Santina. Per tre anni riceverai, come segno di consolazione e di condivisione, mensilmente 25 euro e inseriamo il tuo piccolo Moses nel programma di adozione a distanza. Non sono molti, sono pochi ma sicuri! Noi non vogliamo farti la carità ma vogliamo accompagnarti per tre anni: condividere la tua povertà per seminare speranza. La donna rimase un momento in silenzio e poi inghiottendo le ultime lacrime mi dice: “Ti invierò tutti i documenti per ricostruire la vicenda di mio figlio, compreso il macabro video. Usali come vuoi per fare del bene. Per quanto riguarda i 25 euro ti ringrazio di cuore, quello che ti chiedo e chiedo a tutti gli amici in Italia è di non dimenticarvi di noi e dell’inferno in cui viviamo…” “Tranquilla, – risposi – tu non vivi all’inferno angelo mio! Questo dolore ti ha purificato. Prega per me e custodisci il mio sacerdozio offrendo il tuo dolore per me, come faceva mia mamma Santina, che oggi ci ha fatto incontrare! Ti prometto che ti saremo vicini, che condivideremo il tuo dolore. Lo portiamo in due così è meno duro, d’accordo?” La donna, accende il suo volto d’un delicato sorriso e mentre apre la porta azzurra per uscire, di nuovo il sole illumina il suo volto rendendolo pieno di luce, come era avvenuto, il giorno prima, per Gaby. Mentre la donna mi saluta e scende le scale della squallida colonia di La Laja, nel mio cuore mi interrogo. ‘Che strano, questa porta azzurra si apre sempre dipingendo raggi di sole sulle persone: ieri Gaby… oggi Cecilia! Forse due angeli mi hanno visitato e non me ne sono accorto’. Guardo il sole e ho nel cuore una forte nostalgia di Santina e dei due angeli che mi ha mandato a visitarmi in quell’inferno di La Laja per insegnarmi che Dio, come era avvenuto per mia madre, usa il dolore come materia grezza per suoi capolavori e con Cecilia, Gaby e Santina c’era pienamente riuscito. Chiudo la porta azzurra, scendo nel viottolo di La Laja e con Marta mi avvio verso la casa di Lisette, dove mi aspettavano per un saluto. È l’una di notte, chiudo l’iPad e dormo. Ora anche la storia di Brian è pronta e da Parigi ve la invio!
LUNA
Nella settimana che ho vissuto nella colonia di La Laja uno degli obiettivi era quello di portare il numero di adozioni da 7 a 10 bambini, scegliendo tutte persone che venissero dal contesto di violenza e vittime della violenza. Ecco i tre nuovi bambini. Attraverso Gaby vogliamo aiutare Elias Gabriel, il bambino nato nello stesso giorno di Erika; attraverso Cecilia vogliamo aiutare Moises il cui fratello Brian è stato ucciso dalla banda de Los Cahori. Infine c’è lei, questa bimba di otto anni, paffutella: si chiama Luna. Con i miei due angeli custodi, Magda e Lourdes, raggiungo la baracca di Luna in una delle zone più impervie di La Laja, isolata e malfamata. Muoversi da soli a La Laja è impensabile… e in questo luogo ancora peggio! La strada è di una ripidità incredibile, le macchine fanno fatica a salire, soprattutto se sono vecchie e di bassa cilindrata come quella di padre Jesus. Lourdes mi dice che la bambina abita con la nonna, mentre la mamma lavora. Non abbiamo tanto tempo, una mezzora perché poi altri pressanti appuntamenti ci attendono. Parcheggiamo la macchina e, nella ripida strada, vedo Magda salutare con rispetto un giovane dalla pelle scura, tatuato e con uno sguardo di ghiaccio che mi mette i brividi. Non oso domandare. Molte volte a La Laja il silenzio vela occhi, cuore e intelligenza per vivere, o meglio per sopravvivere. Passato il giovane, posso ammirare dal muretto i grattacieli di Acapulco da lontano. Sotto di noi, in mezzo al verde, le lamiere dei tetti delle casupole dove, in povertà, vivono sbandati e senza lavoro, sicari di professione, donne delle pulizie, venditori di caffè caldi o hotdog, imbianchini, muratori, uomini di fatica. In questi rioni i bambini non vanno a scuola, ma lavorano tagliando con machete noci di cocco da vendere in spiaggia, oppure impastano mattoni. Le famiglie spesso non esistono e la caratteristica che livella tutti è la paura, che diviene regola sociale. L’unica regola sociale di La Laja è la paura. Ogni gesto, ogni azione e ogni pensiero sottostà a questa unica regola e poi… si è liberi di fare quello che si vuole. C’è una profonda crisi sociale dettata dalla ferrea regola della giungla per la quale il tuo amico, in due minuti, può diventare tuo nemico, oppure lo devi uccidere per non essere ucciso. C’è una profonda crisi della legalità: non si conoscono e non si ri-conoscono le leggi dello Stato, perché lo Stato è più corrotto del cartello. Infine c’è una profonda crisi morale, non esiste più un’identità interiore, sbranata dalla paura, o è eroico mantenerla, come nel caso di José, l’amico che con un machete è stato costretto a squartare e poi bruciare un cadavere. Questa situazione terribile viene bene identificata in un documento dei Vescovi messicani che ho approfondito e studiato. Il testo è del 2010, ma è di una enorme attualità e si intitola: Que en Cristo nuestra paz Mexico tenga vida digna e ha come sottotitolo: Esortazione Pastorale dell’Episcopato Messicano sulla missione della Chiesa e la costruzione della pace per una vita degna del popolo messicano. In quel testo ho potuto verificare tutte queste esperienze di vita raccolte a La Laja e ordinarle in un quadro organico di riflessione. Ma ritorniamo a Luna. La bambina ha un vestitino azzurro, è molto dolce e mi saluta con simpatia. I fatti di cui mi parla li ha conosciuti da parenti e amici. “Ciao Luna, mi chiamo don Gigi e vorrei aiutare la tua famiglia, perché mi dicono che è vittima di violenza. È vero?” La nonna, seduta vicina, la incoraggia a raccontare e così la bambina dai grandi occhioni neri inizia a parlare. “ Padre, la mia storia è molto triste! Avevo tre anni, e il mio papà Pedro era uscito, come ogni giorno, a lavorare. Verso sera abbiamo iniziato ad aspettare come sempre il suo ritorno, ma era già tardo pomeriggio e lui non tornava. Si fece buio quel giorno e il buio entrò nella mia famiglia perché verso le nove la mamma ed io abbiamo ricevuto una telefonata dalla nonna che ci diceva che papà era stato trovato morto. Anche la nonna aveva ricevuto una telefonata anonima nella quale si diceva il luogo dove potevamo trovare il suo corpo. Lo avevano ucciso e poi lo avevano decapitato. Una morte orribile!” La bambina racconta questa storia tutta di un fiato, probabilmente una triste cantilena imparata a memoria e ripetuta a parenti e amici troppe volte. Lourdes e Magda sorridono alla bambina e io scatto alcune foto. Dalla ripida salita che conduce a un serro, ecco apparire tre facce losche. Un uomo porta due buste di plastica gialle e tiene sotto braccio una coperta, un secondo sta portando un pezzo di lamiera e una cassetta di attrezzi, l’ ultimo tiene un machete al cinturone e sta portando una cassa di birra. Lourdes mi guarda e sussurra senza farsi troppo sentire:“Non guardarli in faccia e metti subito via la macchina fotografica!” Il suo ordine non ammette obiezioni e neppure ho il tempo di farle. Gli uomini trasandati e sporchi si stanno rapidamente avvicinando per la discesa. Metto in tasca il cellulare, giro le spalle alla strada e mi metto a guardare Acapulco lontana. Vicina a me c’è la bambina che mi stringe forte e quella stretta attorno alla vita mi fa bene… la avverto come una sorta di protezione. Lourdes e Magda invece salutano cortesemente e loro passano oltre intenti nei loro discorsi. A La Laja muori cosi: per una fotografia o per aver ascoltato o prestato attenzione inavvertitamente a un discorso tra due persone, come avvenne per la mamma di Beto la cui vicenda abbiamo raccontato in Opere di Luce. È ormai sera e le prime ombre della notte stanno calando. Il luogo non è sicuro di giorno, figuriamoci la notte e poi dobbiamo fare visita ad altre famiglie delle vittime di violenza. Magda mi dà il permesso di scattare alla ragazzina alcune fotografie e di riprendere in video la triste deposizione di Luna. Con un gran bacio la saluto, do una carezza alla nonna… Il caldo umido è ancora forte seppure sia sera, mi asciugo il sudore ed entro in macchina, facciamo ritorno alla parrocchia. Devo incontrare Maria Ema.
SUL LUOGO DEL DELITTO
Una delle caratteristiche di questo 19mo viaggio di solidarietà dal titolo Condividere povertà per portare speranza è stata proprio quella di condividere la vita quotidiana segnata dal dolore e dal lutto provocate dalla violenza. Ho dormito così nelle case delle vittime della violenza, come nella casa di Norma e di Jeanette. Questo fatto permette di vivere profondamente la vita quotidiana della colonia, come del resto è avvenuto in Africa, nella capanna di Nekessa, in Iraq vicino a Mosul nel caravan di un campo profughi con la numerosa famiglia di molti bambini, oppure come è avvenuto sul delta del Mekong in Vietnam dove famiglie di contadini coltivatori di riso ci hanno ospitato, o come avviene a Villa San Roman in Perù e avverrà nella prigione di massima sicurezza a Challapalca a 5050 metri, la notte di Natale. La colonia di La Laja, come ha detto padre Jesus nella sua introduzione al nostro libretto, ha forti caratteristiche di violenza che contrastano però con il cuore buono e generoso della gente. Questa cosa è assolutamente formidabile: la violenza e il dolore sembrano riversarsi in famiglie dal cuore buono e generoso come lo sono quelle di Norma e di Jeanette. In verità queste famiglie e la gente si conosce e si aiuta. Se si riesce a superare la cortina dei cartelli e della violenza, al di là di questo muro, appare una La Laja diversa, che ti fa innamorare. Le stradine strette ed impervie spesse volte sono interrotte da gradinate che ti mettono in connessione con un viottolo nascosto; la strada diventa così vicolo inerpicato che si snoda tra le case arroccate sulle pendici delle colline attorno ad Acapulco. L’odore del pollo fritto e i colori delle tiende, dove si trova di tutto, fanno da cornice alle misere casupole, dove talvolta c’è ancora un generatore di corrente e le fogne non esistono. Si devono usare cisterne per l’acqua piovana. Sull’ampio terrazzo della casa di Norma se ne trova, ad esempio, una… E poi i colori forti tipici del Messico: la scritta dipinta di rosso della nordamericana Coca Cola, oppure il giallo di una compagnia telefonica, il verde di una marca di dentifrici. È una girandola di colori che dà allegria e poi le popolose viuzze si riempiono dello schiamazzo dei bambini che giocano sui gradini, del vociare delle mamme intente a preparare la misera cena, mentre gli uomini stanno seduti a dorso nudo bevendo cerveca, la birra. Gustano il fresco della sera e chiacchierano della giornata, di calcio, del lavoro, dei turisti ricchi giunti all’albergo. C’è una forte dimensione umana che i cellulari e la televisione, seppur radicalmente e massicciamente presenti, non riescono a intaccare. I rapporti umani sono molto più forti ed evidenti rispetto alle nostre case italiane. Sarebbe un vero paradiso se… non ci fosse il cartello e il narcotraffico! La sera si chiude così tra il vociare e l’alba si sveglia con il grido degli uomini che percorrono le calle gridando ‘bolillo!’ ‘pane!’. Sono in casa di Jeanette. Mi hanno dato la stanza della nonna per dormire, una donna molto devota e la cameretta è piena di immagini sacre, di rosari e crocifissi. Le pareti umide e scrostate sono coperte da immagini votive. Ho trascorso le ore della notte in un sonno profondo per la stanchezza, ma tanto inquieto per il ricordo delle atroci storie raccolte il giorno precedente, in una litania di dolore interminabile. Apro la porticina e trovo Jeanette al tavolo della cucina mentre sta stirando la divisa di Mauricio che sta ancora dormendo. Il bambino ha vissuto l’orrenda tragedia di vedere ammazzare il padre due anni fa: ben dodici colpi di pistola scaricati di fronte alla scuola, davanti al bimbo, alla moglie Jeanette e alla mamma, nella cui stanza ho dormito la notte. Dopo il bacio del buongiorno, mi stiro dal sonno. La donna mi chiede se ho riposato bene. Anche lei ha dormito bene, anche se il piccolino si è addormentato alle due della mattina. Ritorno in camera prendo un grande asciugamano ed esco verso la latrina sul balcone, poi vado al lavatoio in pietra al quale giunge acqua da una cisterna posta al piano superiore. Ho la barba di una settimana e faccio doccia quando capita. Apro il rubinetto e l’acqua scende abbondante. Mi rinfresco dalla terribile umidità, mi lavo e poi, mentre mi asciugo, rientro nella cucina. Un cagnolino mi corre tra le gambe. I cani sono un’altra caratteristica di queste baraccopoli. Jeanette sta tagliando un grosso mango e il profumo si spande per la stanza e, quando arriva alle mie narici, provoca acquolina in bocca. Jeanette se ne accorge perché avidamente e lentamente annuso l’aria e mi dice: “Sapevo che ti piaceva il mango!” “Jeanette a me piace tutta la frutta tropicale. Molte volte i miei pasti in questi giorni sono a base di sola frutta: mango, banane, mele e poi bevo cocco e mi piace molto l’avocado”. La nonna ha finito di recitare le preghiere e sta facendo una spremuta di arancia e interviene: “Allora gusterai anche questa buona spremuta!” La guardo con dolcezza e dico un pronto “Grazie!” Quando arrivo in queste povere case vengo trattato come un re, con cibi prelibati e semplici che la gente fa a gara nel preparare. Il ragazzo che mi ha svegliato con il grido di ‘bolillo, si avvicina, il suo grido infatti risuona alla porta. Jeanette posa il coltello e il mango che sta pulendo, si asciuga le mani e va alla porta. La apre e appare il ragazzo con una larga cesta sulla testa. La donna lo fa entrare, mi chiede se voglio un panino. Rispondo rapidamente un: “Certamente!” Lui apre il panno colorato a quadrettoni e insieme con il pane appena sfornato si sprigiona il suo profumo, identico a quello che si sprigiona per le vie di casa mia a Gerusalemme. Qui, però, il fragrante profumo va a confondersi con quello del mango appena tagliato e quello dell’arancia appena spremuta. Un primo mattino senza profumo di caffè, ma degnamente sostituito dal profumo del pane caldo, del mango e dell’arancia. Questi profumi, il ferro da stiro ancora caldo, l’acqua che scorre nel lavatoio sull’ampia terrazza e i colori del primo mattino creano un’atmosfera di grande pace e di profondo benessere. Jeanette ritorna in cucina dopo aver letteralmente tolto dal letto il piccolo Mauricio che, in mutande, corre alla latrina per fare la sua pipì. Scaricato il suo impellente bisogno, si avvicina pieno di sonno e mi salta in braccio per darmi un bacio, ma la barba ispida lo frena un po’. Mi abbraccia teneramente. “Vai a vestirti Mauricio, facciamo colazione e poi ti accompagno a scuola, va bene?” Il bambino si riempie gli occhi di luce e scappa a mettere la testa sotto il rubinetto e allegramente si lava. Jeanette mi guarda piacevolmente impressionata: “Davvero vieni con noi a scuola?”“Si Jeanette, voglio fare il percorso che ogni giorno fai per andare a scuola e che hai fatto tristemente due anni fa, il giorno in cui uccisero tuo marito!” La donna si fa triste: “Ogni volta che passo davanti a quel luogo, mi pare che sia oggi!” “Jeanette lo so, lo immagino: voglio condividere proprio quel momento e in quel luogo, fuori dalla scuola. Voglio pregare con te: ecco perché vengo! Che ne dici?” “Don Gigi, ma chi te lo fa fare tutto questo? Non sai quello che provo per questa tua scelta? Un’infinta gratitudine”. La ragazza mi abbraccia forte e corre a vestirsi. Rientro nella misera stanzetta, raccolgo le poche cose nello zainetto, fedele compagno in ogni angolo del mondo, e in dieci minuti tutti tre: Jeanette, Mauricio ed io ci troviamo sull’uscio della casa che dà su una lunga e ripida scalinata che dobbiamo scendere. Ci diamo la mano, io a sinistra di Mauricio e Jeanette a destra, sincronizziamo il passo per adattarlo a quello del piccolo di 7 anni e lentamente scendiamo salutando la gente che va e che viene. Il piccolo è felice e il caldo sole del mattino lo riempie di luce: mamma e figlio hanno un volto pieno di sole e di felicità per il sacerdote italiano che li sta accompagnando. Ci dobbiamo sbrigare sono quasi le otto e la scuola è lontana. La Laja purtroppo è seminata da vasi di fiori, da mazzi di fiori. Li trovi negli angoli nascosti, lungo la via: sono i luoghi dove la gente viene uccisa, oppure dove vengono ritrovati i corpi. Dietro la parrocchia, c’è un vicolo che dà su Retorno de los amates in cui c’è una croce azzurra, dove una mamma ha ritrovato il corpo del figlio. Sono come piaghe che cospargono il corpo martoriato della colonia di La Laja. Luoghi tristi pieni di fiori e vuoti di vita. Ognuno di questi luoghi è fotografato nella mente di una persona che, per sempre, ricorderà quel terribile luogo: sono i parenti delle vittime della violenza, come Jeanette la moglie e Mauricio. Nel mio libro Opere di Luce, nella seconda edizione si parla di questo omicidio a pagina 340. Si tratta dell’omicidio di Enrique Martinez Hernandez, ucciso barbaramente il 24 novembre 2014. Avevo incontrato Jeanette lo scorso 12 novembre 2015 a poco meno di un anno dalla morte. Incontrare nuovamente Jeanette questa volta significava incontrare il terribile luogo del delitto. Tengo Mauricio per mano, e svoltato l’angolo, ci avviciniamo alla scuola. L’ingresso è costituito da un cancello verde spalancato. Un nugolo di bambini sta entrando a scuola. Guardo verso Jeanette, la giovane madre che ha 31 anni e guardo Mauricio: entrambi testimoni della esecuzione capitale di Enrique e, con gran fatica, formulo la domanda per la quale avevo costruito minuziosamente tutto il mio incontro e permanenza nella casa di Jeanette: “Jeanette: dove?” La risposta sono due occhi pieni di lacrime e belli come il sole e un segno silenzioso con la testa ad indicare: lì! Silenzio e occhi pieni di lacrime sono la strada per giungere al luogo, al punto, del delitto atroce. Guardo verso la direzione indicata dalla testa della ragazza e mi porto al centro dell’entrata, sul marciapiede che finisce per lasciare possibilità alle vetture di entrare nella scuola. Non è uno spiazzo vero e proprio, ma il marciapiede lascia posto a una piccola salita verso la scuola. Sull’asfalto, in centro all’ingresso, c’è un po’ di ghiaia dove il cemento dell’ingresso si confonde con l’asfalto. Faccio tre passi, guardo verso Jeanette e lei mi dice con la testa sì. Scattiamo alcune foto: prima io sul punto del delitto, poi Jeanette sul luogo dell’assassinio e infine io e lei. Quella foto per me ha un valore simbolico enorme, forse è lo scatto più bello e folgorante delle più di mille fotografie che ho in ricordo di La Laja. Ci mettiamo tutti tre in un angolo della strada affollata per l’ingresso dei bambini e con molta commozione inizio una riflessione ad alta voce. “Jeanette, Mauricio, queste fotografie che abbiamo fatto sono forse le più belle di tutto il viaggio. Il luogo della morte di Enrique il tuo papà e il tuo sposo è una delle tante ferite della colonia di La Laja. Il prete che papa Francesco ama sta in queste ferite: deve vivere in queste ferite. Questo luogo atroce per voi è una piaga di La Laja: qui un innocente è stato ucciso per non avere voluto collaborare con il cartello del narcotraffico. Un giovane padre di famiglia, uno sposo modello pieno di vita e amante delle fotografie, un taxista professionista, qui, in questo preciso punto, è stato massacrato davanti ai vostri occhi. Oggi la mia testa va al Calvario e mi chiedo se oggi per te Jeanette, per te Mauricio e per me non sia qui il Calvario. Là è morto Gesù, qui è morto un altro innocente: questo è il nostro Calvario! Questa ferita è un luogo santo”. Sento il bisogno di prendere in braccio il piccolo testimone della tragedia. Lo abbraccio forte e guardo i suoi occhi che sono lontani, lontani per nascondere la tragedia del cuore: “Mauricio – dico al suo orecchio – io vorrei che da oggi in avanti tu ti ricordassi di me quando verrai qui la mattina, vorrei che tu sapessi che un sacerdote italiano ti è vicino e ha condiviso con te una giornata, e continua a condividere con te la vita”. Jeanette ascolta il mio discorso e ci abbraccia tutti e due. Mi trovo così, con in braccio il piccolo di 7 anni e abbracciato da Jeanette: mi fa bene questa situazione e i miei occhi si riempiono di lacrime!“Jeanette, rimaniamo così e recitiamo insieme un Padre nostro, va bene?”Non attendo la risposta, ma lentamente all’orecchio del piccolo inizio a recitare “Padre nuestro que estàs en el cielo…” Mauricio mette le mani giunte e prega con me e così sussurra anche Jeanette.“Ed ora uno sforzo grande: preghiamo per gli assassini, perché si convertano “Gloria al Padre…” abbraccio forte il piccolo e prima di posarlo per terra gli dico:“Mi fai una promessa? Tutte le mattine quando verrai a scuola, qui, proprio in questo punto dove hanno ucciso il tuo papà reciterai un Padre nostro e un Gloria per gli assassini del tuo papà? Se farai questo io ti prometto che tu crescerai buono. È una medicina per il tuo cuore, è una medicina per trasformare ed elaborare il tuo lutto in scelta di fede e di pace…”Parlo così perché so che per entrare nel cuore di una mamma la strada principale è quella dei figli! Guardo verso Jeanette e le pongo la domanda con il silenzio. La donna tiene la testa fissa per terra, sa di non poterla alzare senza una risposta pronta… tarda alcuni istanti e poi alza i grandi occhi verso di me e senza parlare mi dice di sì con il capo. Lascio il bambino per terra e la donna mi stringe in un formidabile abbraccio e scoppia a piangere. Premo il suo capo sulla mia spalla e i suoi occhi contro la mia spalla. La maglietta si bagna di lacrime, segni di rimmel… La donna rialza il capo e cerca di rimediare pulendo. Le blocco il polso: “No! Questa per me è una reliquia della tua sofferenza: lacrime versate nel luogo in cui hanno ammazzato tuo marito, non si cancellano e non voglio cancellarle. Ti prometto una cosa: stamperò la fotografia mia e tua sul luogo della strage e me la metterò in ufficio per ricordarmi che sono diventato prete per abitare nelle ferite della gente, per abitare nel loro dolore e per portare consolazione e pace nel nome di Gesù!”La donna mi guarda negli occhi: “Ti prometto anche io che qui reciterò ogni giorno le preghiere che oggi abbiamo recitato con te…” “Fallo e costruirai la pace nel tuo cuore” “Don Gigi: oggi la pace è già spuntata… e fa bene al mio cuore!” Con una dolce carezza Jeanette mi saluta e con Mauricio entra nella scuola. Magda è giunta con la sua auto, apro la portiera e mi metto gli occhiali scuri per velare gli occhi rossi per le lacrime.
INAUGURAZIONE DELL’OSPIZIO DEL BUON SAMARITANO
Sicuramente la nostra Associazione e Fondazione ha molti limiti e problemi ma i fatti, alla fine, sono quello che contano. L’ospizio per anziani e malati della Caritas di Acapulco, situato nel cuore della martoriata La Laja è un fatto semplice ed evidente. Di fatti come questi l’anno 2016 ne contiene diversi: il primo è la meravigliosa chiesetta a Garissa che abbiamo inaugurato come Fondazione Santina il 2 Maggio 2016 con Caterina, Emanuele, Marzia, Jimmy, Doreen e me. Eravamo nel Kenya devastato da Al Shabab. In seguito il 26 Giugno 2016 sulle Ande del Perù a Conima abbiamo ancora, come Fondazione Santina inaugurato la chiesa parrocchiale di San Michele Arcangelo: una emozione grande alla presenza di Olinda e del Vicario Generale di Juli. Nel mese di settembre sono volato in Vietnam, dove il 4 settembre 2016 a Xuy Xa abbiamo aperto un nuovo orfanotrofio con l’aiuto della Diocesi di Bergamo e l’intervento del Nunzio Apostolico S.E. Mons. Leopoldo Girelli. L’’inaugurazione ora a La Laja del nuovo ospizio l’11 novembre 2016 non è ultima opera di luce di questo anno, ma siamo in partenza nuovamente per il Perù dove inaugureremo l’asilo a Villa San Roman il 22 dicembre e il 25 dicembre saremo a fare Natale nel carcere di Challapalca a 5050 metri dove apriremo il capo sportivo: tutte due opere di Fondazione Santina. E anche in questo meraviglioso viaggio non sarò solo, ma saranno con me Emanuele, Giacomo, Olinda e Padre Joselo. Se guardiamo a questi frutti non possiamo dire che l’albero sia malato. Il pomeriggio di venerdì 11 novembre erano esattamente 20 anni che lavoravo in Segreteria di Stato… mi avevano detto che sarei andato in quegli uffici a temperare matite. Bene, in verità lì faccio proprio quello: ma meno male! Così posso aiutare i miei poveri anziani di La Laja. A parte gli scherzi, ma la mia professione nel tempo libero mi permette di dedicarmi a opere come l’ospizio del Buon Samaritano che a 20 anni della sua fondazione aveva necessità di cure ricostituenti! Con il nostro denaro è stato rifatto il tetto, creata una tettoia sul terrazzo per poterla usare anche con il sole cocente di Acapulco, sono stati risistemati i bagni e rinnovata al tinteggiatura… praticamente messo a nuovo. La cerimonia è stata semplice bella: prima la Santa Messa presieduta da padre Jesus e concelebrata da me e padre Ugo. Poi la festa, scoprendo la grande targa commemorativa della nostra Associazione e ricevendo in regalo una piccola targa da portare a Bergamo, nella nostra sede storica in ricordo di questo fatto. Una grande commozione per me, vedendo Santina viva in tutte queste opere! Ma ancora di più vedendo presenti alla cerimonia le famiglie vittime della violenza che abbiamo aiutato: Gaby, Jeanette, Liseth, Norma, Ivette e poi Lourdes e Magda che mi hanno seguito come angeli custodi. E per finire un buonissimo salmone, delizioso: meglio che i ristoranti costosi di Acapulco! E come sfondo? Le casupole della baracopoli di La Laja aggrappate alla collina che tanto, ma tanto assomigliamo a quelle di Rio…La forza simbolica poi di questo centro è formidabile: costruito nel centro di una colonia violenta, a pochi passi di luoghi di uccisione. Santina va proprio a cercare i luoghi peggiori per realizzare le sue opere vero? Ormai nello scorso anno 2015 abbiamo realizzato bellissime cose, ma quest’anno sono ancora più belle e più numerose. Dio ci benedice e ci aiuta. Forse questa inaugurazione l’ho vissuta con maggiore intensità per aver vissuto e condiviso tutta la settimana con loro, con le famiglie delle vittime della violenza e per questo sono così, così felice, anche se con la testa fracassata da immagini che devastano il cuore e la mente. La povera gente felice, padre Jesus estasiato. Fare il bene fa bene al cuore e riempie di luce la vita. L’ho provato e vi dico che funziona: perché non ti unisci a noi nel fare il bene? Ti abbraccio forte al termine di questa lettura.
PROGRAMMA 19MO VIAGGIO DI SOLIDARIETÀ’ IN MESSICO 5-13 NOVEMBRE 2016
| GIORNO | MATTINA | POMERIGGIO SERA |
| Sabato 5 Novembre 2016 ITALIA OLANDA MESSICO |
Santa Messa ore 6 – Ore 10 KL 1598 Roma – Amsterdam 12.35 VOLO INTERCONTINENTALE |
– Ore 14.35 KL 0685 Amsterdam – Città del Messico 19.25 – Ore 22.15 KL 9000 Città del Messico – Acapulco 23.18 |
| Domenica 6 Novembre 2016 LA LAJA GUERRERO |
Riposo e celebrazione della Messa | – Ore 17,00 LA LAJA Santa Messa in una Cappella con la gente, primo incontro |
| Lunedì 7 Novembre 2016 LA LAJA GUERRERO |
– Incontro con Padre Bulmaro responsabile della Caritas di Guerrero con Padre Jesus per vedere nuovi progetti e con i collaboratori della Diocesi di Acapulco | – Ore 13,00 LA LAJA Pranzo con le famiglie delle vittime adottate. – Incontro con Beto per uccisione della sorella. – Incontro con la famiglia del caso di Delia e di Angelica – Ore 18,00 Messa in parrocchia – Pernottamento in casa di Norma |
| Martedì 8 Novembre 2016 KILOMETRO 30 GUERRERO |
– Partenza per visita Parrocchia del chilometro 30 con Padre Jesus, visita comunità indigene | – Continua visita Parrocchia del chilometro 30 con Padre Jesus – Ore 18,00 Santa Messa e cena in Parrocchia pernottamento |
| Mercoledì 9 Novembre 2016 SAN LUIS ACATLAN |
– Partenza per visita Parrocchia di San Luis Acatlan in una zona indigena dello Stato del Guerrero con Padre Leonardo Incontro con il C.R.A.C. |
– Riunione con Padre Leonardo per albergo e visita della casa Santa Messa ore 20 – Cena e Pernottamento a San Luis Acatlan |
| Giovedì 10 Novembre 2016 SAN LUIS ACATLAN LA LAJA |
– Santa Messa ore 7,00 – Visita alla natura e d acque termali – Rientro a La Laja nella mattinata con Padre Leonardo |
– Ore 16,30 incontro con Gaby per caso di vittime della violenza – Incontro con Luna vittima della violenza – Ore 18,30 incontro con Maria Ema – Pernottamento in Casa di Janette |
| Venerdì 11 Novembre 2016 LA LAJA |
– Visita al luogo del delitto con Janette – studio e redazione del rapporto |
– Ore 15,00 Inaugurazione dei lavori e solenne messa all’albergo del Buon Samaritano – Ore 20,00 Incontro con Cecilia vittima di violenza – ore 20,30 Incontro con Liseth e saluto a Carla |
| Sabato 12 Novembre 2016 MESSICO |
– Ore 9.55 VW 0132 Acapulco – Città del Messico 11.10 |
– Santa Messa al Santuario della Madonna di Guadalupe, Saluto a Mons. Franco Coppola – Ore 20.05 AF 0183 Città del Messico – Parigi |
| Domenica 13 Novembre 2016 MESSICO FRANCIA ITALIA |
VOLO INTERCONTINENTALE | – Ore 13.30 Arrivo a Parigi – Ore 14.50 AF 1304 Parigi – Roma 16.50 – Santa Messa conclusiva del 19mo viaggio di solidarietà |








